Jardines Zen (Karesansui)

La palabra japonesa Karesansui, significa “sin agua”, estos jardines japoneses son conocidos comúnmente como jardines de grava. Este estilo de jardinería intenta reproducir la naturaleza en su forma mas abstracta, para lograrlo se utilizan rocas y grava. En algunas ocasiones, se incorpora musgo y algunas plantas, aunque generalmente se usan muy poco.
De esta forma y con estos elementos se intenta representar las montañas, islas, océanos y ríos de Japón. Este tipo de jardín, han sido muy influenciados por el budismo; a menudo son utilizados para la meditación.
Una de las primeras cosas que llaman la atención de ojos occidentales al ver un jardín Zen es el “vacío” de porciones en el jardín, elemento clave en el diseño de jardines Zen.
Contemplar un Jardín Zen es como sumergirse en un sueño, un fluir constante de sensaciones, colores y texturas.
Las filosofías orientales ven la naturaleza bajo una luz totalmente diferente a los occidentales. En lugar de imponer un ideal de belleza hecho por el hombre en el paisaje, la naturaleza fue sintetizada en miniatura en el jardín, representando la comunión del hombre y el universo. Esta filosofía de jardinería llegó a su cúspide en el antiguo Japón. Los japoneses destilaron una forma de jardinería que reflejó (y definió) su propia cultura. Lo que simplemente había sido un lugar para disfrutar un día soleado se vino a convertir no sólo en un lugar de profunda reflexión, sino también en el trono del refinamiento cultural por miles de años.
Hay una cierta calma que se siente cuando uno contempla un jardín japonés bien distribuido. Las rocas pueden representar montañas completas, los estanques se convierten en lagunas. Un montón de grava o arena rastrillada se puede convertir en un océano entero.

El principo del Jardín Zen se desarrolla principalmente durante el periodo Muromachi (1336-1573), en el que aparecen los dos ideales estéticos básicos de este jardín:

Yugen: la simplicidad elegante.
Yohaku no bi: la belleza del vacío (así como en música se valoran los silencios). Tiene relación con el Taoismo, según el cual el vacío es la parte útil de las cosas (un vaso no es el cristal, sino el vacío de su interior).

En el período Azuchi-Momoyama (1574-1599) se introducen algunas variaciones:

Talla de rocas: Ahora se permite introducir piedras talladas en los jardines secos (antes sólo piedras naturales).
O-karikomi: práctica que consiste en recortar árboles y plantas dándole formas. Se recortan en setos temas como El barco del tesoro o La isla Horai.


La frase “menos es más” fue seguramente dicha por primera vez por un maestro japonés de la jardinería. Mientras resulta difícil definir algún elemento en particular como la fuente de esta influencia pacífica, sugeriríamos que es la apariencia sólida y anclada que proveen las piedras lo que en su mayor parte produce dicha paz. Esto no debe ser motivo de sorpresa ya que el jardinero japonés utiliza rocas como “huesos” del jardín, y las plantas son los adornos. Hay ciertos principios intrínsecos que uno necesita entender para captar exitosamente el espíritu del jardín Zen.
Y más importante, la naturaleza es el ideal que debe buscar. Puede idealizarlo, incluso simbolizarlo, pero nunca debe crear algo que la misma naturaleza no puede. Una de las primeras cosas que llaman la atención de ojos occidentales al ver un jardín Zen es el “vacío” de porciones en el jardín. Esto es inquietante para jardineros acostumbrados a llenar cada espacio del jardín con un amotinamiento de color, pero es el elemento clave en el diseño de jardines Zen.
En la actualidad estos grandes jardines han sido miniaturizados en pequeños adornos muy atractivos , los cuales deben conservar los principios básicos de la simpleza en complemento del vacio, al cual hacíamos referencia. Es importante que estos pequeños jardines zen no se excedan con adornos ya que podrían destruir su esencia. Un jardín zen representa a un jardín japonés y el propósito último es adquirir armonía y relajación de los pensamientos en este mundo actual donde cada día que pasa son pocos los que conservan la verdadera naturaleza.


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